Cómo ahorrar en las facturas de luz, gas y teléfono cambiando de compañía
Revisa tus facturas de luz, gas, Internet y teléfono para ahorrar cada mes. Compara tarifas, negocia con tu compañía y cuidado con la permanencia.
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Cuando llegamos justos a final de mes nos pasamos horas del día pensando en como poder ahorrar unos euros. Pensamos en que super es mejor para ir a comprar, en esperar a las rebajas o al próximo Black Friday… Pero hay unos gastos que muchas veces dejamos pasar por alto y que sin embargo son recurrentes: las facturas de tus servidos de casa: la luz, el agua, el gas, el teléfono, la fibra.
Son recibos que pagamos casi sin darnos cuenta al estar domiciliados pero que pueden representar un aspecto importante a tener en cuenta en tus ahorros. Con el paso del tiempo, podemos estar pagando más de lo necesario por esos servicios que quizá con otra compañía tendríamos un precio más bajo. Por eso, si queremos mejorar nuestra economía familiar sin renunciar a muchas cosas, hay una tarea que merece la pena hacer de vez en cuando: “revisar todos nuestros contratos”.
Luz, gas, teléfono e Internet: ¿estás pagando más de la cuenta?
No hace falta ser un experto... lo importante es comprobar cuánto pagamos, qué tenemos contratado y si tenemos algo que no usamos... ver si existe alguna alternativa que encaje mejor a nuestra necesidades.
Para el caso de la luz, por ejemplo, hay que revisar el precio que nos cobran por la energía, por la potencia contratada y las condiciones de nuestra tarifa. A veces tenemos una potencia superior a la que necesitamos o seguimos con un contrato que ya no resulta tan competitivo como cuando lo firmamos.
Con el gas ocurre algo parecido. Si tenemos este suministro en casa, podemos comparar las condiciones de nuestra tarifa con las ofertas disponibles en el mercado. Eso sí, hay que fijarse en el coste completo del servicio, no solamente en el precio que aparece destacado en la publicidad.
También merece la pena revisar el teléfono móvil y la conexión a Internet. ¿Realmente necesitamos tantos gigas de datos? ¿Utilizamos todos los canales de televisión incluidos en el paquete? ¿Estamos pagando por líneas adicionales que apenas usamos?
La verdad es que, cuando contratamos estos servicios, muchas veces nos dejamos llevar por una oferta atractiva o por un paquete que parece tenerlo todo. Pero nuestras necesidades cambian. Quizá antes necesitábamos más datos móviles, mientras que ahora tenemos wifi en casi todas partes. O puede que contratáramos una tarifa con televisión que apenas encendemos.
Si pagamos por servicios que no utilizamos, tenemos una primera oportunidad de ahorro bastante sencilla: eliminarlos o buscar una tarifa más ajustada.
Negociar con nuestra compañía también puede funcionar
Antes de cambiar de empresa, podemos probar algo todavía más sencillo: llamar a nuestro proveedor actual y preguntar si dispone de una oferta mejor.
No siempre funciona, claro. Pero algunas compañías tienen tarifas promocionales, descuentos para clientes o condiciones comerciales que no aparecen necesariamente en la oferta que contratamos en su día.
Si encontramos una alternativa más económica en otra empresa, podemos utilizar esa información para negociar. Lo importante es comparar las condiciones reales y no conformarnos con una primera respuesta si creemos que hay margen para mejorar el precio.
En el caso de las compañías telefónicas, por ejemplo, es posible que nos ofrezcan una tarifa más barata o un paquete diferente si comunicamos que estamos valorando cambiar de operador. Con la electricidad y el gas también conviene consultar las condiciones disponibles, aunque cada compañía tiene sus propias políticas comerciales.
Eso sí, no se trata de aceptar cualquier descuento por el simple hecho de pagar menos durante unos meses. Hay que comprobar cuánto costará el servicio cuando termine la promoción y si el contrato incluye alguna condición que pueda encarecerlo más adelante.
Cambiar de compañía: la portabilidad puede ser una oportunidad para ahorrar
Si negociar no da resultado, siempre podemos estudiar la posibilidad de cambiar de proveedor.
En telefonía móvil, este proceso se conoce como portabilidad cuando trasladamos nuestro número a otro operador. Es una opción que permite conservar el número de teléfono y, al mismo tiempo, acceder a las condiciones de otra compañía.
Sin embargo, conviene no precipitarse. Una tarifa que a priori parece más barata puede ser una trampa… hay que analizar bien la letra pequeña y las condiciones… pues algunas sólo son baratas los primeros meses. Antes de aceptar una oferta, comprueba el coste total, revisa qué incluye y comprueba si existen limitaciones importantes.
En otros suministros, como la electricidad o el gas, también podemos valorar un cambio de comercializadora. El procedimiento y las condiciones dependen del servicio y del contrato, por lo que es recomendable informarse antes de iniciar la gestión.
Lo importante es no dar por hecho que nuestra compañía actual es siempre la mejor opción. A veces lo es, pero otras seguimos pagando una tarifa por pura costumbre. Y esa costumbre puede salirnos cara.
Mucho cuidado con la permanencia y la letra pequeña
Aquí llega una de las partes más importantes de todo el proceso. Porque sí, cambiar de compañía puede ayudarnos a ahorrar, pero hacerlo sin revisar el contrato puede terminar provocando el efecto contrario.
Antes de cambiar de proveedor, debemos comprobar si tenemos compromiso de permanencia y si abandonar el contrato antes de tiempo puede suponer algún coste.
Esto es especialmente importante en las tarifas de teléfono e Internet que incluyen promociones, descuentos o "regalos". Algunas ofertas están vinculadas a un periodo mínimo de permanencia y pueden contemplar penalizaciones o la devolución de descuentos si nos marchamos antes de lo previsto.
En electricidad y gas, conviene revisar igualmente las condiciones de la tarifa, la duración de los descuentos y las posibles cláusulas de permanencia, cuando existan. No todas las ofertas funcionan de la misma manera. Pensemos en un ejemplo sencillo: una compañía nos ofrece una tarifa que cuesta diez euros menos al mes. A primera vista parece una buena oportunidad. Sin embargo, si el descuento solo dura unos meses o el cambio implica otros costes, el ahorro real podría ser mucho menor de lo que imaginábamos.
¿Cuánto podemos ahorrar revisando nuestros contratos?
No existe una cifra válida para todo el mundo. El ahorro dependerá de las tarifas que tengamos contratadas, de nuestro consumo y de las alternativas disponibles en cada momento. Hay hogares que ya tienen precios competitivos y apenas encontrarán margen de mejora. Otros, en cambio, pueden estar pagando por servicios innecesarios o mantener contratos que dejaron de ser interesantes hace tiempo. Lo recomendable es comparar las facturas actuales con las nuevas ofertas y calcular la diferencia durante un periodo suficientemente amplio. Si una tarifa es más barata durante tres meses, por ejemplo, no deberíamos dar por hecho que seguirá siéndolo durante todo el año.
Un pequeño repaso que puede aliviar los gastos del hogar
Además, no hace falta cambiar todos los contratos de golpe. Podemos empezar por la factura que más nos preocupa, comprobar si existe una alternativa interesante y continuar después con el resto. Lo fundamental es no renovar ni mantener un servicio por simple inercia. Si llevamos años con la misma compañía, quizá merezca la pena comprobar qué opciones tenemos ahora.